Roberto pidió sin consultarla.
El camarero se marchó.
Él la miraba mientras sostenía su taza de té. Su expresión era difícil de descifrar.
—Elimina las fotos ahora —insistió Maya.
Roberto le extendió su teléfono.
Ella lo tomó, pero estaba bloqueado. Se lo devolvió.
—Contraseña.
—Conoces la contraseña —respondió él.
La incomodidad la recorrió. Aún recordaba ese número: era su cumpleaños.
¿No había cambiado la contraseña?
Pensó que era una broma, pero al escribirla… el teléfono se desbloqueó.
Era