Entró tras ellos y, por instinto, cerró la puerta para evitar testigos.
Yvonne se estabilizó.
—¿Qué quieren? —preguntó furiosa.
Roberto dijo con frialdad:
—¿Prefieres entregarlo tú o que te obligue?
—¡Ustedes…! —Yvonne estaba indignada, pero su arrogancia disminuyó.
—Roberto, soy la prometida de Alexander. ¿No tienes miedo de lo que él pueda hacerte por tratarme así?
Roberto no respondió. Dio otro paso hacia ella.
Yvonne retrocedió, sorprendida.
Cuando reaccionó, su teléfono ya estaba en la man