Pero se detuvo después de unos pasos.
Roberto estaba ahí para ver a Julia.
Mejor mantener distancia.
Decidió no ir, pero justo entonces su teléfono vibró: era Julia.
—Estoy en mi camerino. ¿Puedes venir? —preguntó Julia.
—Sí —respondió Maya.
Eso significaba que Roberto ya no debía estar en el edificio… así que fue.
Cuando llegó al camerino personal, tocó la puerta y se quedó paralizada al ver quién estaba dentro.
Roberto estaba sentado en el sofá, piernas cruzadas, mirándola como si estuviera v