Pero ella ya estaba bajo su control; Alexander dominaba Rheinsville. ¿Por qué tomaría medidas tan extremas?
Su comportamiento posesivo era aterrador.
Maya, furiosa, estuvo a punto de lanzar el brazalete por la ventana, pero se detuvo de golpe.
Recordó con claridad las palabras que Alexander le dijo cuando se lo puso:
“Nunca te lo quites.”
Esa frase resonó en su mente como una maldición.
No podía enfrentarlo. Si lo hacía, él sabría inmediatamente que había descubierto el rastreador.
Y si se desh