Capítulo 82

Pero ella ya estaba bajo su control; Alexander dominaba Rheinsville. ¿Por qué tomaría medidas tan extremas?

Su comportamiento posesivo era aterrador.

Maya, furiosa, estuvo a punto de lanzar el brazalete por la ventana, pero se detuvo de golpe.

Recordó con claridad las palabras que Alexander le dijo cuando se lo puso:

“Nunca te lo quites.”

Esa frase resonó en su mente como una maldición.

No podía enfrentarlo. Si lo hacía, él sabría inmediatamente que había descubierto el rastreador.

Y si se desh
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