Maya apretó los dientes, conteniendo el impulso de abofetearlo.
—¡Déjame salir del auto! —exigió.
Roberto pisó el acelerador.
—Puedes saltar si quieres.
—Roberto, ¿qué te pasa? Tú y yo hemos terminado. No hay ninguna relación entre nosotros.
—Pero eres mi exnovia, ¿no?
—Me amenazas con quitarme a mis hijos y ahora soy tu exnovia. ¡Vete al infierno! —Maya explotó, empujándolo.
Roberto tomó su mano, firme, pero sin lastimarla, y murmuró con calma:
—Oye… estoy conduciendo. Lo de los niños podemos