El clima era perfecto y el cielo, de un azul brillante. Con una parrillada junto al mar, el aroma de la carne asándose en el aire y la vista impresionante ante sus ojos… sería una escena ideal.
Se dio la vuelta y vio al guardaespaldas siguiéndola a distancia constante.
¿Acaso temía que ella intentara escapar?
Desde que Alexander había dado la orden, Maya no estaba en posición de decirle al guardaespaldas que la dejara en paz.
Caminó sin rumbo fijo por la playa. El mar lamía sus pies suaves y