El conductor había perdido el conocimiento tras golpearse la cabeza contra el volante. La gravedad de su herida era incierta.
Maya miró a través de la ventanilla rota. El vidrio astillado distorsionaba la escena exterior, pero podía distinguir el tráfico detenido, el embotellamiento creciente y el pánico de la multitud.
Entonces escuchó un crujido.
Un sonido profundo y desgarrador.
Las grietas en el muro comenzaron a expandirse.
El corazón de Maya casi dejó de latir.
Giró lentamente la cabeza j