Capítulo 308

—¡Cállate! —rugió Alexander.

Su frialdad había alcanzado el límite.

—¡Sí! —respondió el director entre lágrimas. El miedo lo hizo sollozar sin dignidad.

Alexander colgó bruscamente y lanzó el teléfono contra el suelo.

Su expresión era oscura, aterradora.

Inmediatamente llamó a Andy.

En la oficina de Alexander

Andy llegó con su portátil especial y se sentó en el sofá. Colocó el dispositivo en su regazo y sus largos dedos comenzaron a moverse con rapidez sobre el teclado.

El ambiente en la oficin
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