Después de permanecer un rato en el balcón, Maya bajó las escaleras.
Apenas puso un pie en el último escalón y se dirigía hacia la sala cuando alguien chocó contra ella desde un costado.
—¡Ah!—
Intentó esquivar, pero fue demasiado tarde. Toda la palangana de agua que llevaba la sirvienta se volcó sobre ella.
Quedó empapada de la cintura para abajo.
Antes de que pudiera decir una sola palabra, la sirvienta habló primero:
—Señora Anderson, ¿podría dejar de deambular? Estamos muy ocupadas. Si nos