Su indiferencia ante la idea de ser madrastra dejaba claro que no le preocupaba en absoluto.
Hilda siempre había confiado en la capacidad de Judy, tanto en su comportamiento en público como en la gestión de la empresa. Desde que entregó la compañía a Sid, prácticamente se había desentendido de los asuntos corporativos. Con su hija y su hijo involucrados en la empresa, podía permitirse relajarse. A pesar de la corta edad de su hijo, había demostrado ser muy capaz en el ámbito de los negocios.
—E