—Tienes razón, aquí no hay nada que pueda hacerle a Terry—, respondió Maya, con un doble sentido que Serena no captó.
Serena continuó sin notar nada:
—Sí, los niños tienen un corazón puro. Lo único que quieren es divertirse. Además, a Terry le gustas mucho, te grita hermana mayor todos los días. Su hermano no se preocupa por él, y tú eres la única que sí lo hace.
Maya sintió que Serena estaba intentando presionarla moralmente bajo el pretexto de la inocencia infantil.
—Por cierto —agregó Serena