En el comedor, los cuatro se sentaron a la mesa.
Los platos se veían deliciosos. Serena y William eran una compañía agradable, y Terry estaba encantado.
Sentado junto a Maya, en una silla especial para niños, comía por sí mismo con pequeñas cucharadas torpes pero adorables.
Después de cenar, Maya estaba lista para irse.
Serena, consciente de que Maya tenía que volver con sus hijos, no insistió.
—Déjame llevarte a casa.
—Sí, deja que tu madre te lleve. No es seguro que una chica ande sola tan ta