60. ¡Sentí a mis hijos!
En la sala de guerra de la manada de Fuego, Sebastián repasaba informes con el ceño fruncido. La frontera seguía reforzándose con piedras embuidas de sangre y magia, construían estructuras defensivas... el muro que los separaba de Tierra ya se alzaba como una advertencia.
No estaban dispuestos a ceder si ellos tampoco lo hacían.
Si en Fuego sufrían, también ahí lo harían. Pronto llegaría la temporada de nacimientos y el calor de sus orbes de luz era esencial para su crecimiento. Todas las man