59. Que se jodan los hombres

Dayleen llevaba dos días intentando mantenerse firme. No hablar del embarazo. No llorar por Xavier. No permitir que la marca en su cuello ardiera cada vez que lo sentía a lo lejos, encerrado en su silencio.

La mañana siguiente a la llegada del soldado, Xavier partió a la manada de Agua. Intento despedirse de ella, pero no se lo permitió. Pese a que tocó su puerta más veces de las que podía contar, no le abrió y finalmente él se marcho.

«Cuando regrese, espero que podamos tener una conversación
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