Pensaba que Fernando estaría enojado luego de que la noche anterior hubiera rechazado entregarse a él por primera vez, pero en cambio le pediría matrimonio.
Alexandra miró con alegría la sortija de matrimonio que había encontrado guardado en una pequeña cajita de terciopelo en el cajón de su novio. Tenía incrustado un diamante grande y brillante.
«¡Me pedirá ser su esposa!», exclamó dentro de sí.
Poco importó que no fuera exactamente como lo había imaginado, solo con saber que la quería p