36. Volverás a nacer
Dayleen se sentía extraña desde que abrió los ojos. Su cuerpo estaba caliente, como si la fiebre comenzara a recorrerle los huesos. Pero no era como una enfermedad común. Era algo más… interno. Su loba estaba inquieta, gruñía en su mente de forma errática, jadeante.
«Lo necesito...»
Su voz se escuchaba entrecortada. Ansiosa. Nunca antes había sido así.
«Zeque...»
Dayleen se quedó inmóvil. Sintió que el corazón le daba un vuelco. ¿Había dicho el nombre del lobo de Sebastián? No, no… no p