30. La ciudadela secreta
Con el corazón latiendo ansioso, ambas lobas siguieron al Alfa Tauriel por el bosque. El sol entraba a raudales entre las ramas, iluminando su camino. Se estaban adentro cada vez más, por lo tanto los árboles también se espesaron. Cuando menos se dió cuenta, tuvieron que usar faroles para seguir viendo su camino. Bueno, más concretamente: Dayleen.
No tener a su loba completa, significaba que su vista no se adaptaba a la oscuridad. Y ella tampoco tenía un nombre, no mientras estuviera semi-despi