31. Eres el enemigo
El aire en la manada de Tierra era espeso, cargado de tensión y murmullos silenciosos entre todos. Sebastián descendió de su caballo con movimientos calculados. Su armadura aún relucía, pero las sombras en su rostro hablaban de días sin descanso. Lo flanqueaban dos de sus betas más leales, pero ni siquiera su presencia servía para aplacar la sensación de que estaban siendo observados desde cada rincón.
Su lobo estaba apaciguado, saber que no se deshizo del recuerdo de su unión afianzó su conf