29. Lazos de sangre
El aire olía a tierra húmeda cuando Dayleen cruzó el umbral de la manada de Tierra. A su lado, Annika caminaba en silencio, con los labios curvados en una sonrisa tranquila. Ambas volvían distintas. Más llenas. Más despiertas.
Ver a su prima sonreír le dió la tranquilidad que necesitaba, sabía que podía confiar en ella. No era como Aria, una perra gigante capaz de incluso orquestar el asesinato de su propia tia y prima.
Un escalofrío recorrió su piel al volver a pensar en su madre. Cada vez