El correo de Google llegó un martes a las nueve de la mañana.
Lucas lo leyó tres veces antes de entender del todo lo que decía, no porque el lenguaje fuera complicado, sino porque las cifras eran lo suficientemente grandes como para que necesitara confirmar que no estaba malinterpretando algo.
Llamó a Laura de inmediato.
—Mamá. Tienes que sentarte para esto.
—Ya empiezas a sonar como Pati.
—Es serio.
Laura se sentó, no porque la frase de Lucas la hubiera asustado, sino porque conocía a su hijo