Lucas llegó un martes de septiembre.
Mei Lin lo trajo en el vuelo de Hong Kong con escala en Frankfurt. Catorce horas de viaje. Lucas durmió diez y pasó las cuatro restantes mirando por la ventana con esa concentración de los niños de tres años que procesan el mundo a través de los ojos antes que a través de las palabras.
Álvaro los esperaba en el aeropuerto.
Laura también. Había dudado si ir. Había sido Álvaro quien lo pidió: que estuviera. No como acto de presentación familiar sino como lo qu