Laura cumplió un año desde su regreso a Madrid un viernes de octubre.
No lo recordó ella primero.
Lo recordó Álvaro.
Llegó al piso de Chamberí a las ocho de la tarde con los niños y con Ivette y con Pati y con Bruno y con Santi Echeverría que había insistido en venir a pesar de sus ochenta y dos años porque según él mismo algunas cenas eran obligatorias y esta era una de ellas. Llegó también Valentina, con el pañuelo azul y una fuente de empanadas que había hecho esa tarde, y Don Raúl que había