El martes amaneció con lluvia fina.
Llegué al punto de encuentro de Chamberí con quince minutos de antelación. El mismo edificio de paredes amarillas. La misma Inma en la entrada con su tableta y su formulario.
—Buenos días, Laura.
—Buenos días.
Firmé donde me indicó. Me senté en la sala verde.
Esta vez no traje el cuaderno de colores. Traje el cuaderno de bocetos y la secuencia visual que había practicado cuatro noches seguidas en el hotel. El pájaro. El nido. Los polluelos. El regreso.
Esperé