El café de Malasaña se llamaba El Eje y tenía las paredes cubiertas de planos arquitectónicos enmarcados: Mies van der Rohe, Utzon, Zaha Hadid. Rodrigo ya estaba dentro cuando llegué, con los planos de Lisboa extendidos sobre dos mesas empujadas juntas y una cafetera exprés doble humeando a su lado.
Se puso de pie cuando entré.
—Jueves —dijo, como si fuera una contraseña.
—Jueves —confirmé.
Me senté frente a él. Extendí el ordenador. Durante los primeros cuarenta minutos, trabajamos.
Era la pri