Las seis de la mañana tienen una honestidad brutal.
No hay tráfico. No hay reuniones. No hay nadie frente a quien mantener la cara entera.
Laura llevaba una hora despierta y no había tocado el café.
La laptop abierta sobre la mesilla. La ventana gris de octubre detrás. Y en la pantalla, el cursor parpadeando en el cuerpo de un correo que había empezado y borrado tres veces.
Doctora Rivas. Mi nombre es Laura Valdés. Le escribo por recomendación de Bruno Wolfe. Tengo un hijo de cuatro años con mu