Bruno llamó a las dos de la tarde.
Laura había pasado las horas intermedias haciendo exactamente lo que sabía hacer cuando el mundo amenazaba con derrumbarse: trabajar. Contratos de expansión. Actas del comité. Correos que respondió en tres líneas o menos.
No pensó en Álvaro.
O lo intentó.
—Tengo la información sobre Ramos —dijo Bruno sin preámbulo.
Laura dejó el bolígrafo sobre la mesa.
—Cuéntame.
—Héctor Ramos firmó un contrato como psiquiatra residente en la Clínica Maternal Santa Lucía el d