La sala de declaraciones de la fiscalía tenía una mesa de madera clara y un cristal unidireccional en la pared derecha.
El cristal era del conocimiento de todos aunque nadie lo nombrara.
Álvaro Jones llegó con Ibarra a las diez de la mañana. Traje oscuro. Sin corbata. Lo cual, en él, era una decisión. Álvaro siempre llevaba corbata. La corbata era su armadura. Llegar sin ella era decir algo que no quería poner en palabras todavía pero que estaba dispuesto a dejar que los demás interpretaran.
El