La invitación llegó por correo electrónico, no por sobre verde esta vez, con el mismo tipo de economía de palabras que Ivette usaba para todo lo que consideraba obvio: Veinte años. Sábado. La galería. Ven pronto para que hablemos antes de que llegue el resto.
Laura llegó a las seis, una hora antes de lo indicado en la invitación general, con Álvaro a su lado y una botella de vino que Ivette seguramente ya tendría, pero que Laura llevaba de todas formas porque presentarse con las manos vacías nu