Álvaro llegó a Hong Kong un martes.
El vuelo tardó doce horas y él no durmió en ninguna. No era nerviosismo exactamente. Era el estado específico de quien va hacia algo que lleva tres años sin saber que existía y que ahora existe con nombre propio y tres años de vida acumulados sin él.
Lucas Cheng.
Tres años. Bloques de construcción y un apartamento en Kowloon con mucha luz y los libros apilados en el suelo porque Mei Lin no había encontrado todavía tiempo para comprar las estanterías adecuadas