El banco era de madera oscura, con el respaldo ligeramente inclinado hacia atrás. El mismo banco en el Parque del Retiro donde había estado años antes. Diciembre en Madrid no perdonaba. El frío era limpio, seco, del tipo que corta el aire al respirar y te obliga a hundir las manos en lo más profundo de los bolsillos del abrigo. Laura estaba sola.
Un café en un vaso de cartón humeaba a su lado. No lo estaba bebiendo. Miraba el estanque congelado en los bordes, los árboles desnudos, el gris pálid