El hemiciclo del Parlamento Europeo tenía la arquitectura del poder público bien ejercido: grande sin ser opresivo, formal sin ser frío, diseñado para que quien habla en él sea escuchado desde todos los ángulos sin que ningún ángulo tenga ventaja sobre los demás.
Laura estaba en la galería.
Cuarta fila.
Con el abrigo del que Álvaro había dicho que era el correcto para Bruselas en esta época del año: más grueso que el de Madrid, con el tipo de forro que compensa la humedad del norte europeo que