El hospital era en el barrio de Salamanca.
No el mismo edificio exactamente: había sido reformado cinco años antes y la entrada había cambiado de calle, pero el interior mantenía esa arquitectura de los hospitales construidos en los setenta que uno reconoce por la manera en que los pasillos se cruzan y por la luz específica de los fluorescentes sobre el suelo de linóleo.
Laura y Álvaro llegaron el sábado a las once de la mañana.
No era una visita médica. No había cita. Laura había llamado a la