Capítulo 36 —Mataste al viejo
Narrador:
Sofía se quedó inmóvil, mirándolo desplomado sobre las sábanas. El pulso le martillaba en las sienes.
—Vamos, Renzo… —susurró, agachándose sobre él —deja el teatro.
Esperó un gesto, una mueca, un mal*dito comentario irónico, pero nada. La duda la atravesó como un rayo. Bufó con rabia, apretó la mandíbula y, sin un gramo de piedad, hundió el dedo directamente en la herida del hombro. Lo hizo con fuerza, con la seguridad de que nadie en su sano juicio podría