Adriana estaba de pie en el medio de la habitación de Solana, con una perplejidad evidente en su rostro. Sus ojos se posaron nuevamente en el papel arrugado que tenía entre sus manos. Ella, levantando el papel, la miró nuevamente estupefacta. — ¿Qué es esto, Solana? — le preguntó, su rostro blanco como el trozo de papel que sostenía su pequeña mano. Solana, la joven niñera de cabello claro, sonrió con satisfacción desde la cama. Parecía saber algo que evidentemente no conocía Adriana. Así que c