El intenso aroma de la habitación invadió sus sentidos al abrir los ojos. Pero no reconocía el lugar en el que se encontraba. Todo estaba oscuro y la sensación de incomodidad la abrazaba con fuerza. Adriana intentó mover sus manos y pies, pero se dio cuenta de que estaba atada a la cama. El pánico comenzó a apoderarse de su ser y un grito desesperado escapó de sus labios. — Dante, ¿dónde estás? ¡¡Dante!!.— exclamó Adriana entre sollozos y con una voz cargada de miedo. En ese momento, la figura