Capítulo 25. La dura realidad
Lionel cerró la puerta de su habitación con manos temblorosas. No podía creer lo que acababa de pasar. Se apoyó contra la madera, respirando agitado, negando con la cabeza una y otra vez.
—No… no puede ser —susurró para sí mismo—. Esto no está pasando.
Se metió en la cama, todavía con el corazón latiéndole con fuerza. Intentó cerrar los ojos, pero la imagen de Viola arrodillada frente a él, chupándolo con esa hambre, no se le iba de la cabeza. Su verga aún palpitaba ligeramente. Se pasó una man