Capítulo 26. Corazones rotos
Rachel seguía recostada en la cama del hospital varios minutos después. Su piel estaba más pálida que nunca y cada respiración parecía exigirle un esfuerzo inmenso. La habitación olía a desinfectante y al tenue aroma de un ramo de flores que comenzaba a marchitarse sobre la mesa de luz.
Lionel permanecía sentado a un lado de la cama, sin soltar su mano. Del otro lado estaba Viola, inmóvil, observando a Rachel con una expresión difícil de descifrar.
Rachel entrelazó primero los dedos con los de