Capítulo 40. Bajo el mismo techo
La enfermera se acercó a Diana con paso rápido y le hizo una seña discreta.
—Puede pasar ahora. Solo unos minutos.
Diana se levantó de inmediato, todavía con los ojos hinchados, y desapareció detrás de las puertas de la UCI. Viola permaneció sentada en la misma silla de plástico, las piernas cruzadas, el teléfono en la mano aunque no estaba mirando la pantalla. El tiempo pasó con esa lentitud particular de los hospitales. Cuando las puertas volvieron a abrirse, Diana salió visiblemente peor. El