—Buenas noches, señor —dijo Rose mientras recibía el maletín para llevarlo al estudio.
Federico miraba inquieto alrededor.
—¿La señora no ha llegado aún?
—No, señor.
—Pero si el chófer está afuera. —Su mandíbula se tensó y apretó los dientes.
Rose conocía bien la furia del señorito.
— Jeffrey me dijo que la señora le pidió que regresara, ya que ella volvería en un taxi.
Federico salió enfurecido, dando un golpe estrepitoso a la puerta.
El ama de llaves se asustó y rogó que la señora no sufriera