Federico subió a la habitación aflojándose la corbata y quitándose el saco en el camino. Entró buscándola con la intensidad de un animal en celo y escuchó el sonido del agua corriendo en la ducha.
A través del vidriado, la vio: su esposa desnuda, el agua cayendo sobre su piel perfecta. Se despojó rápidamente de su ropa y entró tras ella. La abrazó por detrás y deslizó sus manos sobre sus senos. Instintivamente, ella se arqueó contra su cuerpo mientras él besaba su cuello. La giró y la besó larga