La doctora Germaine Durand recibió a Elizabeth con una gran sonrisa. Era una mujer hermosa y elegante de unos 50 años, cuya actitud reflejaba que la conocía de antes.
—¡Hola, Elizabeth! Soy Germaine, ¿Cómo estás?
Elizabeth nunca había ido a un ginecólogo, ya que, al no haber tenido relaciones, no consideraba que fuera necesario. Se sentía nerviosa, pero la actitud amable de la doctora la ayudó a relajarse.
—Cuéntame, ¿Cómo te gusta que te digan?
—Oh, todos me llaman Lizzy o Liz.
Germaine esbozó