La chica rubia caminaba de un lado a otro, sacudiéndose el cabello y bufando.
—¿En qué estabas pensando, Pablo? ¿Qué pasó con el chico coherente, educado y correcto que siempre fuiste?
El aludido estaba sentado en el sillón, tomándose la nuca con ambas manos. Lucía continuaba con su sermón.
—¿Te das cuenta de que quizás nunca más pueda ver a mi amiga? —estaba furiosa—. ¡La avergonzaste! ¡Te pusiste al mismo nivel que ese hombre!
El joven se levantó de inmediato, sus ojos color avellana lleno