Elizabeth regresó a su casa, esa mansión silenciosa que la rodeaba con su fría presencia. Cada rincón parecía hacerse más grande, más vacío, como si el propio lugar amplificara la ausencia de Federico. La partida de él había dejado un espacio insondable en su corazón, uno que se expandía con cada segundo que pasaba sola.
Se abrazó a sí misma, intentando calmarse, pero el frío no era físico. Era un frío interno, un vacío profundo que solo se despertaba cuando él no estaba cerca. ¿Qué sería de ell