Víctor entró a la oficina de Federico bastante emocionado. En una hora partiría a Houston y por fin podría ver a su hija y a su familia, quienes lo esperaban con ansias ya que últimamente casi no estaba en su casa.
—Esto es todo, señor. Dejé todo en manos de la secretaria. No olvide que hoy tiene la cena con el senador Braco y su esposa.
—¿Ella asistirá? —frunció el ceño—. No me gusta cuando las esposas se meten.
El asistente lo miró un instante y luego bajó la mirada. El jefe estaba tan resenti