Capítulo 135 Ven pronto por mí.
Lizzy apenas podía abrir los ojos. Todo se veía borroso, el mundo le daba vueltas y un asco persistente le revolvía el estómago. Intentó enfocar la vista, entender dónde estaba, pero no pudo. Quiso mover las manos, pero estaban atadas. Fue entonces, pese al mareo, que comenzó a luchar con lo poco que le quedaba de fuerzas.
—No luches, muñeca —dijo una voz grave, sin rostro—. Cuanta más fuerza hagas, más daño te harás a esa piel tan hermosa.
El corazón de Elizabeth dio un salto. ¿Quién era ese ho