Después de ese día, la pareja trató de recomponer la relación. Como Federico le había dicho, él trabajaba y luego iba a verla. Salían a cenar, a dar paseos o simplemente compartían momentos en casa de Alfonso. Estaban casados, pero llevaban una vida como si fuesen novios.
Si bien Elizabeth lo había perdonado, la espina de los celos ya se había clavado, y para ella no era lo mismo que antes. Federico había adquirido el hábito de la paciencia, aunque sólo con ella: con los demás seguía siendo el m