Toco la puerta de mi la casa de mi mejor amigo, con la esperanza de que este. Necesito hablar con alguien.
Un chico vestido solo con una sudadera abre la puerta y me mira con el ceño fruncido.
–Eliza ¿Que haces aquí a estas hora de la madrugada?— pregunta y paso sin permiso.
—El murió Miguel— el me mira y no es necesario que haga nada, ni diga nada. El me jala a sus brazos y me abraza, me abraza tan fuerte, el abrazo que necesitaba—¡El murió Miguel!, ¡El murió y nunca más mi volveré a ver!—