La mañana nublada, húmeda y helada, le dio la bienvenida pocas horas después.
Como los últimos días, Neta-lee había seguido su rutina sencilla; bañarse, vestirse y salir sin preámbulos camino al cementerio. Deteniéndose solo por un momento, en una pequeña floreria antigua y anticuada, para comprar un ramo de flores. Pasó gran parte del día sentada en el banquillo frío de concreto y, para cuando la tarde llegó, tomó sus cosas y se encaminó a casa con el mismo sentido vacío y ese sentimiento de