Lisa
No volvió en todo el día.
Desde que me dejó anoche con esa advertencia —“Será mejor que asumas que debes permanecer a mi lado”— no lo he visto. Ni su voz, ni sus pasos, ni el eco de su presencia recorriendo la casa.
Solo el silencio.
Y el reloj.
Y mi cabeza, girando en círculos.
No sé cuántas horas pasaron. Solo sé que el sol entró por la ventana, que el cielo cambió de color, que el aire empezó a oler a tarde. Y yo seguía en el mismo lugar, sin moverme demasiado, con la mente atrapada ent