—Puta madre.
Me levanté corriendo y fui al baño, mi estómago estaba furioso conmigo y me obligó a devolver todo lo que había ingerido en el último mes, o al menos esa impresión me dio al ver aquello tan escandaloso.
Tomé el bolso y salí sin avisarle, iría por algo a la farmacia para calmar ese mounstro que me hacía estar así.
—Necesito algo para mi estómago, hace días que no me deja en paz.
—¿Tiene alguna receta?
—No, es solo el estrés y algo de irritante en exceso.
—No puedo darle nada, pero